Una obra no se descontrola de golpe. Normalmente empieza con decisiones pequeñas: una medición incompleta, un presupuesto poco definido, una partida no prevista o una orden verbal que nadie documenta.
Controlar una obra no significa únicamente visitar la obra. Significa preparar bien el punto de partida, comparar presupuestos con criterio, documentar cambios y revisar que cada decisión tenga impacto económico y técnico conocido.
El sobrecoste suele aparecer cuando el alcance no está definido. Por eso, antes de contratar conviene ordenar planos, memoria, mediciones, calidades, exclusiones y forma de pago.
Durante la ejecución, cada cambio debe quedar identificado: qué se modifica, por qué se modifica, cuánto cuesta, quién lo aprueba y cómo afecta al plazo.
COTEA estructura este proceso para que el cliente no tenga que decidir a ciegas entre constructor, licencia, presupuesto y obra.
Este artículo forma parte de la línea Revista / Obra / Gestión: contenidos pensados para que el cliente entienda el proceso antes de tomar decisiones de obra.

